Es difícil pensar desde la contradicción de haber abierto la puerta del abismo. Aquella noche todo cambió, seguramente para siempre. Cómo volver a confiar en tus palabras vanas luego de verte defender tus perdiciones fantasmas en medio de la locura de las oscuras luces de un jueves caótico.
Esa noche lo he visto todo, todo lo que necesitaba o lo que nunca hubiera deseado. No sabes respirar sin dañar a quienes te intentan proteger y el hielo que escondes en el calor de tu mirada te impide escuchar los llantos de los heridos. Por donde andas dejas cuerpos inertes, sin alma, extinguidos y extasiados luego que hayas absorbido la energía que tus caprichos puntualmente buscaban. Pero tu nos lo ves, solo andas sin preocuparte la desolación que dejas tras tus pasos, porque nada importa si tu consigues saciar tu sed.
Aún recuerdo la primera vez que nos encontramos. Diste unos pocos pasos hacia mi, casi disculpando la intromisión. Recuerdo que hasta amenazaste irte porque hasta allí solo te habían regalado negaciones. Fue ese el momento en que supe que ya no saldrías por esa puerta porque algo vi. Quién sabe, si eso que vi es lo mismo que ahora se come mi alma, desgarrándome por dentro.
Luego comenzaste tímidamente, como una desconocida, intentando buscar un pequeño hueco que te permitiera tener tu nido donde protegido de las tempestades. Y mientras los días pasaban y más aguantabas, más te descubría.
Luego comenzamos a cruzarnos mensajes secretos, jugando a quemarnos, pero sin una sola chispa, porque con la fragilidad que muestras al sol, controlas todo lo que te rodea. Sabes cómo moverte para salir indemne de las llamas de tus palabras porque nadie las escucha, las escuchamos tu y yo, y por tanto nunca existieron, pero eso, solo ahora llego a entenderlo. Cada vez estábamos más cerca, pero todo lo negabas y luego tensabas la cuerda porque alguien estaba contigo cuando parecía que el mundo te ignoraba. Tenías claras las reglas, siempre entendiste todo y cada pequeña gota de amor que te iba regalando la aprovechabas para crecer y saciar el irremediable hastío de un día a día forzado con tal de escapar de tu oscuro pasado. Eso también me costó entenderlo, pero ahora lo veo, como lo del jueves, todo lo veo ahora, pero ya es tarde.
Un día encontraste que ya no tenías que proteger tu nido porque tenías un árbol entero para ti y habías crecido con cada palabra que fui derrochando de tus bondades por el mundo. Es que siempre creí en ti, en aquello que vi. Siempre supe que no eras una mundana más, que algo dentro de ti sobresalía sobre la medianía del de las personas. Y a medida que tu árbol creía y florecía también lo hizo tu ego, porque las luces comenzaron a llegar a ti y disfrutas ese calor que llega desde fuera.
El árbol parecía infinito y con cada hoja nueva que salía, tu más creías en ti y menos recordabas tus raíces. Es increíble como el ser humano tiende a borrar sus orígenes. Nadie parece recordar los oscuros comienzos cuando se encuentra en el fulgor.
Entonces un día ya estaba lejos, sutilmente, de manera casi imperceptible todo se fue transformando en distancia entre nosotros. Mis ojos no lo veían o peor aún, querían no verlo porque era incapaz de comprender que yo en ti ya no estaba, a pesar que seguía echando sobre tu incierta alma todo lo que mi torpe honestidad disponía para regalar. Te di todo hasta secarme, porque algo en ti veía.
El brillo de las luces emborrachó tus ocultos sentimientos hasta desnudar tu lado más oscuro. Todo por disfrutar de un absurdo libertinaje que pervierte tu calor y lo regala al postor más barato. Nada importa si las alas de tu ángel se desfiguran al ver como prefieres la fiesta que al lado daban. Todo por nada.
Está claro que en tu frialdad jamás me entenderás, ni si quiera puedes intentarlo, porque no conoces la razón que llevan a una persona a dejar su corazón para que otra viva. Pero yo si he llegado a conocer tus más ocultos laberintos que utilizas para cazar a cada víctima Ahora entiendo todo aquello que vi alguna vez, y todo lo que parecían cantos de sirena son tus garras dispuestas a comer el alma ajena, despedazando cada trozo pero sin saborear, porque no entiendes de sabores, de gozo, de disfrute ni de felicidad.
Hoy tu ego está completo y a la espera de una nueva presa porque esta carta es póstuma y tan sólo soy un sonido débil que escuchas mientras te alejas.
Radio Alaró 2007*